La Saleta
El espacio
Vilablareix y Online
Su ventana orientada al sur llena de luz la estancia.
Está acariciada por una ligera capa de algodón que nos protege de la mirada y el juicio externo del mundo, invitándonos a integrar esa mirada compasiva hacia nosotras mismas.
El suelo, cremoso y delicado, con un toque rústico que me encanta, ya que me hace pensar en cómo sería acariciar a una oveja.
Esterillas, cojines, mantas y muchos más amortiguadores crean un balancín de apoyo donde explorarte y probarte en nuevas posturas, nuevos movimientos.
La chimenea nos proporciona calidez externa e interna en invierno. Su calor refleja el fuego interno, mi fuego interno que me hace crecer día a día y seguir avanzando en el camino del autoconocimiento.
El olor…
Las mesas, estanterías y decoración, estas sí, rústicas de verdad. Hechas a mano, con el más profundo amor y talento creativo de mi madre, me recuerdan mi linaje, su fuerza y vulnerabilidad.
Un atrapasueños hecho a mano por mí y un altar me recuerdan no dejar de perseguir mis sueños.
Hoy, donde estoy, llueve, llueve mucho. Y me ha invadido una especie de nostalgia agradable, de felicidad y gratitud por tener este espacio, lo que me ha inspirado a compartir con vosotros cómo lo vivo yo.
Un espacio que deseo que, poco a poco, se convierta también en el lugar de expresión de mi mundo creativo interno.
A veces, un espacio acogedor puede ser el punto de partida para el cambio. Si buscas un lugar de confianza para trabajar en tu bienestar emocional, estoy aquí para escucharte. ¿Quieres que te acompañe?